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La vida es un viaje que algunas personas convierten en una carrera cuyo único objetivo es llegar a un destino que ni siquiera no son capaces de identificar. Se fijan objetivos que caducan cuando los alcanzan y que nos les permiten disfrutar del viaje, ya que no son capaces de descubrir la belleza de los “paisajes”. Se olvidan de que en cualquier viaje, y muy especialmente el de la vida, lo más importante es encontrar el mejor camino para avanzar correctamente y elegir la compañía: las personas que van a tu lado y que te ayudan a levantarte cuando te caes, y a las que tú ofreces tu brazo para avanzar cuando el camino se vuelve tortuoso.

Pero cuando el camino se hace muy difícil es necesario saber pedir ayuda, aunque no es fácil: parece que cuesta menos ayudar que dejarse ayudar. Manuel López, en su libro Navegando del duelo a la esperanza (LibrosLibres), supo dejarse ayudar, y en esta obra reconoce y agradece la presencia, en esta etapa de su camino, de lo que denomina las “ayudas invisibles” que, como él mismo dice, “han sido vitales para sobrevivir”. Estamos ante un libro lleno de esperanza y también de agradecimiento del autor a todos ellos.

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